viernes, 27 de agosto de 2010

[lecturayformacion] Batalla de Ideas, nueva revista

 

Hola compañeros, quisiera compartir con uds. el pdf del material está en imprenta y que pronto sale a la calle.
Se trata de la Revista de Debate teórico y político de la Izquierda independiente: Batalla de Ideas.
En este link hay una entrevista a dos compas, que funciona a modo de presentación
Les adjunto la revista en PDF
Por favor no la difundan mucho, les quería dar la primicia nomás.
Salud
Nos vemos en la lucha

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Contratapa  |  Viernes, 27 de agosto de 2010

Uno se salva

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Por Juan Forn

Mi madre, que aceptaría ser definida como una lectora ocasional, mandó durante años a encuadernar en cuero los libros que por algún motivo quería conservar, y los tiene todos juntos en una bibliotequita angosta en su dormitorio. Son de una variedad absoluta, descarada: hay libros que heredó (de ahí el mandato de encuadernarlos), hay libros que están ahí no por su contenido sino por su dedicatoria, hay hasta un compendio de recetas manuscritas en francés y otro de cálculo diferencial que usó mi padre cuando estudiaba ingeniería; hay de todo, y casi todo está ahí desde que yo tengo memoria. Pero, con los años, mi madre ha ido reduciendo el stock de esos estantes para intercalar entre los libros fotos de las personas queridas que se le van muriendo. En el resto de su dormitorio hay infinidad de enormes dibujos en colores de sus nietos, reina la luminosidad, pero en ese rincón mi madre se semblantea con la muerte a su manera. Quiero decir que mi madre no puede leer esos libros, ya no le da la vista para leer, pero los considera parte de ella, en todo sentido: cuando regala uno es porque tiene que hacer lugar para otra foto, lo que significa otro muerto, lo que hace muy intenso recibir alguno de esos volúmenes cuando ella decide desprenderse de él, con un criterio tan particular como el que tuvo para seleccionarlo. Hace una semana decidió darme una vieja edición de Emecé (1952) de Crónica de mi familia, de Vasco Pratolini, un libro que a mí me partió al medio cuando lo leí por primera vez y sigue dejándome sin aliento cuando vuelvo a leerlo. A ella, en cambio, sólo le queda un vago recuerdo de que "le gustó", de que fue un regalo (aunque no hay dedicatoria en el ejemplar) y no dice una palabra más sobre el tema porque eso fue antes de casarse con mi padre.

Se ve que era insistente quien se lo regaló, o que el libro le gustó a mi madre más de lo que recuerda, porque había otro Pratolini encuadernado en su bibliotequita, uno que se llamaba Diario sentimental, que fue el primero que yo leí (sentado en el piso del dormitorio de mi madre, con la espalda apoyada contra aquella bibliotequita y las rodillas en alto, para que me funcionaran de atril). Mi madre dice que estoy loco, que ella nunca tuvo ni leyó otro libro de Pratolini y que tampoco se acuerda nada de Crónica de mi familia, así que le cuento la increíble historia de Vasco y su hermano: que la madre murió dando a luz al menor de sus dos hijos, que el padre estaba en la guerra, que la abuela no podía alimentar a los dos nietos, así que al bebé se lo quedó el mayordomo del patrón, que no podía tener hijos. Vasco vio cómo su hermanito crecía criado como un niño rico hasta que se escapó a Florencia, donde aprendió a leer solo, hizo la nocturna, se enfermó de tuberculosis, lo mandaron a un sanatorio de montaña, se curó, volvió a Florencia, consiguió trabajo de periodista y una noche, en un bar, reconoció a su hermano, que lo estaba buscando hacía meses. Vasco lo culpaba desde siempre de la muerte de la madre; el hermano veía a Vasco como el único vínculo que le quedaba con la madre muerta (y en cierto momento le decía: "Pero tú quieres ser escritor. Tú eres el único que puede ayudarme a imaginármela viva"). La guerra había dejado sin trabajo al mayordomo y el hermano de Vasco era para entonces tan pobre como Vasco. Por fin eran iguales. Tan iguales, que el hermano se enfermó igual que Vasco. Pero no tuvo la suerte de Vasco. Murió jovencito. Era enero de 1945. Acababa de terminar la guerra en Italia, pero Pratolini estaba encerrado en un cuarto de pensión redactando Crónica de mi familia, que está escrita en menos de un año, en carne viva, en forma de monólogo al hermano muerto ("Al morir mamá, tú tenías veinticinco días"), con esta tremenda aclaración preliminar al lector: "Este libro no es una ficción. Es un coloquio del autor con su hermano muerto. El autor trató sólo de hallar consuelo. Tiene el remordimiento de haber intuido demasiado tarde la calidad espiritual de su hermano. Estas páginas se ofrecen como una estéril expiación".

Por ese libro extraordinario (y por el resto de su obra, pero por ese libro en particular), Pratolini estuvo por ganar el Nobel dos veces a principio de los años '50. Después, el existencialismo francés destronó al neorrealismo italiano y el rastro de Pratolini se fue perdiendo. Sus últimos libros ni se traducían; hacia 1970 ya era un autor olvidado. Las necrológicas que en 1991 anunciaron su muerte tenían todas en común la misma sorpresa ante el hecho de que Pratolini hubiese seguido vivo hasta entonces, sin publicar nada desde 1967. Nadie sabe qué le pasó a Pratolini en todos esos años. En el Diario sentimental, contaba que hizo un amigo de su edad en aquel sanatorio para tuberculosos. Con él compartía los permisos para caminar por la montaña, preguntándose si la tuberculosis y la guerra en ciernes les permitirían librarse de la virginidad antes de llevárselos. Un día el director los convoca a su oficina y nos enteramos de que ambos tienen la misma clase de tuberculosis y que existe un tratamiento que, si funciona, en menos de un año los curará (y, si no funciona, acelerará los síntomas). Cuáles son las probabilidades, preguntan ellos. Cincuenta y cincuenta, dice el médico. A partir de entonces se produce un vuelco terrible en su amistad. Porque los dos entendieron mal ese 50 y 50: creen que, si uno muere, el otro se salvará. Y no pueden evitar desearle la muerte al otro.

Desde mis diez años, mi padre me llevó todos los 31 de diciembre a un cóctel antes del almuerzo en casa de unos italianos finísimos que hacían negocios con él. Cuando mi padre murió, la invitación llegó igual, a casa de mi madre, y ella me pidió que fuese en representación de él. Yo obedecí, estuve copa en mano una larga hora en aquel departamento racionalista donde todo olía a fresco y a limpio y a vainilla, y terminé hablando con uno de los ancianos anfitriones, que me contó que había estado a punto de morir de tuberculosis en su adolescencia, que se salvó de milagro y llegó sin nada a la Argentina en 1938. "Los años pasaron. Yo fui afortunado. Mire a su alrededor: hemos formado una familia, ¿no le parece?" Yo me sentí incluido en ese plural. La luz que entraba por los ventanales parecía suspendida a su alrededor con el expreso propósito de mantenerlo vivo para siempre. El agregó: "Pasé todos estos años creyendo que mi mejor amigo en el sanatorio, un muchacho de mi edad, con mi mismo diagnóstico, había muerto. Pero hace un par de meses recibí una carta de Italia. Era de él. Usted quiere ser escritor, quizá conozca su nombre: Vasco Pratolini. La carta era muy breve. Decía: 'Uno muere, el otro se cura, ¿recuerdas? Hemos llegado a ese momento, y el afortunado eres tú. Que tengas una buena vida, amigo. Me despido de ti'".

Mi madre me miró largamente cuando terminé de contarle esto. Después retiró de mis manos el ejemplar de Crónica de mi familia y dijo: "Creo que voy a elegir otro libro para darte. Este me lo voy a quedar".

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El país  |  Viernes, 27 de agosto de 2010
CON EUFEMISMOS, EL REPRESOR RECONOCIO VIOLACIONES A LOS DERECHOS HUMANOS EN LA ESMA

Pernías admitió los vuelos y torturas

Ante la Justicia, el ex oficial de Inteligencia Antonio Pernías reconoció haber integrado el grupo de tareas de la ESMA, justificó las torturas como "interrogatorios reforzados" y se refirió a "los traslados" de detenidos.

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"No había ensañamiento, éramos personas de bien", sostuvo Pernías, y levantó murmullos indignados.

El ex oficial de Inteligencia Antonio Pernías volvió a hablar en el juicio por los crímenes de lesa humanidad cometidos en la ESMA y reconoció que el grupo de tareas que integró en ese centro clandestino tenía como práctica realizar "interrogatorios reforzados" a los detenidos. El represor justificó las sesiones de tortura –"aún hoy se los sigue aplicando en países como Irlanda o Israel", sostuvo–. También argumentó que las condiciones de detención en Capucha, donde permanecían los secuestrados por el grupo de tareas de la ESMA, "no se diferenciaban demasiado de las cárceles del pueblo".

La de ayer fue la segunda vez que Pernías, que está siendo juzgado junto a otros dieciocho represores, pide declarar. Subió al estrado con un bolso lleno de libros, que viene usando para desmentir las declaraciones de los sobrevivientes que atestiguan en las audiencias. Así, lee un párrafo de La Voluntad o de Mujeres guerrilleras a los jueces con la intención de confrontar los dichos de tal o cual testigo con lo publicado. Usa también La Masacre de San Patricio, de Eduardo Kimmel, y Cuando el poder perdió el juicio, de Luis Moreno Ocampo.

En tono autojustificatorio, el represor dijo que el país pasó por "una guerra" y adjudicó sus "horrores y errores" a "la obediencia debida" y "la emoción" que le causaron, dijo, "los crímenes cometidos por los jóvenes idealistas/terroristas/guerrilleros". Como si fuera una novela por entregas, prometió "explicar la posición de Perón" en su próxima declaración.

Más allá de la puesta en escena, para los abogados querellantes la declaración aportó algunos puntos útiles. Lo principal es que Pernías reconoció haber sido personal permanente del grupo de tareas de la ESMA y, al mismo tiempo, admitió que la tortura era una práctica del grupo. Por otra parte, blanqueó que el represor Julio César Coronel, que también está siendo juzgado por los crímenes cometidos en ese centro clandestino, utilizaba el apodo de Maco.

Pernías reconoció que Rodolfo Walsh fue llevado a la ESMA, negó haber participado en el secuestro y la desaparición de las monjas francesas Alice Domon y Léonie Duquet y se refirió de manera indirecta a los vuelos de la muerte, al sostener que ni los oficiales ni los suboficiales decidían "los traslados" de detenidos. "Todo estaba decidido en esta guerra. Ningún oficial ni suboficial tenía que tomar decisiones sobre los traslados", declaró, ya que se trataba de "una guerra cruel".

Al aludir a sus funciones como interrogador mediante la aplicación de tormentos, usó el eufemismo de "interrogatorios reforzados" que, apuntó, "todavía son legales" en países como Israel e Irlanda, argumentó. "Pero no había ensañamiento, porque nosotros éramos personas de bien", sostuvo en otro tramo de su declaración, lo que levantó murmullos de indignación entre los asistentes, en su mayoría familiares de las víctimas o sobrevivientes del terrorismo de Estado. En el mismo sentido, sostuvo que "lo que hacía el grupo era sacar información, no había ensañamiento" y que los interrogatorios "eran por quince minutos, y si no se sacaba información después de ese tiempo, ya no servía".

El juicio por los crímenes de lesa humanidad cometidos en la Escuela de Mecánica de la Armada está a cargo del Tribunal Oral Federal Nº 5. En la audiencia de ayer, después de estar varias jornadas ausente, reapareció el ex jefe del grupo de tareas Jorge "el Tigre" Acosta; también estuvo Ricardo Miguel Cavallo.

Las audiencias se iniciaron el 14 de diciembre del año pasado; fueron escuchados ya más de un centenar de testigos, algunos por vía de teleconferencia dado que viven exiliados desde que fueron liberados de la ESMA. Los hechos que se juzgan son 85 casos de delitos de lesa humanidad, incluidos el secuestro y desaparición de Rodolfo Walsh, de las monjas francesas Duquet y Domon, y del grupo fundador de las Madres de Plaza de Mayo que integraban Azucena Villaflor, Mary Bianco y María Esther de Careaga.

Junto con Pernías, los imputados en este tramo de la causa son Jorge Eduardo Acosta, Alfredo Astiz, Juan Antonio Azic, Carlos Capdevilla, Ricardo Cavallo, Julio César Coronel, Adolfo Donda, Juan Carlos Fotea, Manuel García Tallada, Pablo García Velazco, Alberto González, Oscar Montes, Jorge Rádice, Juan Carlos Rolón, Raúl Scheller y Ernesto Weber.

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jueves, 26 de agosto de 2010

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Contratapa  |  Jueves, 26 de agosto de 2010

Una suciedad chiquita

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Julian Assange, coordinador del sitio WikiLeaks.
Por Juan Gelman

Hay guerras sucias de todo tipo, enormes como la que segó la vida de 30.000 personas inermes a manos de la más reciente dictadura militar argentina. Otras son chicas y, al parecer, el Pentágono habría desatado una contra Julian Assange, el coordinador del sitio WikiLeaks que difundió 75.000 mil documentos internos de las fuerzas armadas que combaten en Afganistán (ver Página/12, 29/7/10). Abundan en informes sobre matanzas de civiles y ejecuciones extrajudiciales, entre muchas otras cosas, y su publicación en periódicos importantes puso los pelos de punta a la Casa Blanca.

Assange, ciudadano australiano que reside actualmente en Suecia, fue acusado de violar a dos mujeres y todo resultó muy extraño. La fiscal María Häljebo Kjellstrand emitió en las últimas horas del viernes 20 una orden de arresto contra Assange en razón de la denuncia de las dos presuntas violadas, que afirmaban que lo fueron en un espacio de tres días. Eva Finné, la fiscal general, anuló la orden 24 horas después por falta de pruebas. Declaró que estaba en curso una investigación por acoso sexual, un delito mucho menos grave que la violación para la Justicia sueca (www.telegraph.co.uk, 22/8/10). Lo mejor vino después.

Una de las dos mujeres dio marcha atrás rápidamente: el domingo dijo al diario Aftonbladet que la sorprendía el cargo de violación propinado a Assange, negó que hubiera violencia en el encuentro que tuvieron y sugirió que, en realidad, habían discutido porque él se negaba a usar condón. En tanto, el ombudsman del sistema judicial ordenó que se investigue cómo se filtró la noticia a la prensa, ya que apenas habían transcurrido minutos entre la emisión de la orden de arresto y su aparición en un tabloide. Según el británico The Guardian, la información habría sido proporcionada por la policía sueca (www.guardian.co.uk, 22/8/10). Curioso, sí.

Assange se apresuró a señalar con el índice al Pentágono, que calificó de "absurda" esa pretensión. "El 11 de agosto –señaló Assange–, los servicios de inteligencia de Australia me advirtieron que debía esperar cosas de este tipo" (//news.smh.com.au, 24/8/10). Afinó luego esta imputación: "No tenemos evidencias directas de que esto viene de la inteligencia estadounidense o de alguna otra. Algo podemos sospechar pensando a quién beneficia la historia". No parece casual que el escándalo estalle ahora: Assange había prometido publicar otros 15.000 documentos secretos de la guerra de Afganistán y ofreció al Pentágono que los leyera antes para borrar todo aquello que podía afectar el curso de la guerra y/o la seguridad de los informantes. El Pentágono se negó: su política es borrar a WikiLeaks de la faz de Internet.

Otra extravagancia. Una de las mujeres afirmó que había conocido a la otra en una conferencia impartida por Assange (www.telegraph.co.uk, 22/8/10). No existen estadísticas sobre el número de violadas que asisten a las conferencias de sus violadores, pero no deben ser muchas. Según The Telegraph, la segunda se acercó a la primera, le confió lo sucedido y logró que ésta la acompañara a la policía para presentar la denuncia. ¿Es que las mujeres que padecen esa bárbara violencia se reconocen a primera vista?

Algo interesante: la entrevistada por Aftonbladet "descartó la idea de muchos teóricos de la conspiración de que las incriminaciones de violación se debían a alguna 'sucia trampa' por la actitud de desafío al gobierno de EE.UU. asumida por WikiLeaks. Dijo: 'Los cargos contra Assange no fueron, desde luego, orquestados por el Pentágono'". Un "desde luego" que no puede evitar el olor a excusa anticipada. En particular, porque el Pentágono difundió las acusaciones por Twitter con bastante frenesí.

Scott Horton reveló hace meses la existencia de un documento clasificado del Centro de Inteligencia del Ejército que subrayaba la necesidad de no limitarse a anular los servidores y las bases de datos de WikiLeaks: además había que neutralizar a los individuos que operan el sitio (//file.wikileaks.org, 15/3/10). En las 32 páginas del informe se nombra a Assange a saciedad, se califica de "acto delictuoso" su labor y se aboga por incoar un proceso que "logre con éxito destruir el centro de gravedad" de WikiLeaks. Ese centro no es otro que Assange mismo.

Las denuncias contra el australiano fueron precedidas de una campaña contra Bradley Manning, analista de inteligencia preso en Kuwait por filtrar a WikiLeaks el video Asesinato colateral. Filmado desde un helicóptero Apache, muestra claramente el asesinato de un miembro de la agencia Reuters y el ataque a quienes acudieron a ayudarlo, entre ellos dos adolescentes que resultaron heridos. Manning es sospechoso de pasar los documentos que Assange difundió y la campaña se centró en su condición declarada de gay. Típico de EE.UU.: es notorio que las noticias, ciertas o falsas, sobre la sexualidad de un político, un candidato, un periodista, pueden acabar con su carrera. Casi le quitan la presidencia a Bill Clinton.

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El país  |  Jueves, 26 de agosto de 2010

Entre trabajadores y académicos

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En el marco de la campaña electoral de la CTA se realizó un plenario para discutir la vinculación entre la universidad y los trabajadores. Participaron el actual titular de la central, Hugo Yasky, referentes de su sector, actores del espacio nacional y popular de la UBA y otros intelectuales. Por la lista oficialista de la CTA, estuvieron el Nono Frondizi, Carlos de Feo, Beto Pianelli y Eduardo López. "Proponemos poner la CTA en un camino que sea una central de trabajadores, que se pare de igual a igual con la CGT", dijo Yasky. Entre los académicos estaban Hugo Trinchero, Sergio Caletti, Adriana Clemente, Mario Toer, Rubén Dri, Carlos Girotti, Federico Montero, Alejandro Rofman, María Inés Vignoles y Javier Brancoli, entre otros docentes e investigadores.

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El país  |  Jueves, 26 de agosto de 2010
Debate de economistas en el Congreso de Ciencias Políticas

Las fisuras del capitalismo real

En el encuentro internacional que se desarrolla en San Juan, Mario Rapoport, Alfredo Zaiat y Noemí Brenta analizaron la crisis global y su escaso impacto en Latinoamérica. Hoy habrá intervenciones de Laclau, Zaffaroni y Chacho Alvarez, entre otros.

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Jorge Landau, Alejandro Tulio, Santiago Corcuera y otros participaron de un debate sobre la reforma política.

Desde San Juan

Con críticas al sistema financiero internacional y elogios al modelo económico argentino, intelectuales y economistas disertaron ayer en el primer Congreso Extraordinario de Ciencias Políticas que se desarrolla desde el martes en la capital sanjuanina. El filósofo Ernesto Laclau, el economista Mario Rapoport y el politólogo Atilio Boron fueron algunas de las figuras presentes en los distintos paneles, donde se discutió la actualidad política en América latina y algunas alternativas posibles que la región desarrolla frente a las economías de mercado.

Laclau, quien recibirá pasado mañana la distinción honoris causa de la Universidad de San Juan, aseguró a su llegada que "la Argentina está desarrollando un modelo económico de nuevo tipo" y que la orientación económica del gobierno nacional "está rompiendo con todas las premisas del neoliberalismo de los noventa" y está señalando "un ejemplo para el conjunto de América latina". El autor de Hegemonía y estrategia socialista presenció ayer en primera fila un panel sobre "Política y psicoanálisis" con varios invitados internacionales y hoy formará parte de una mesa de debate junto al diputado kirchnerista Agustín Rossi y la titular del Banco Central, Mercedes Marcó del Pont.

Los más de seis mil inscriptos en el congreso revolucionaron el ritmo de la tranquila capital cuyana. Desde la mañana hasta el atardecer, el centro histórico explota de jóvenes, docentes, investigadores y funcionarios con credenciales, que circulan durante todo el día de un salón al otro y en sus ratos libres discuten mientras deciden a qué charlas asistir. La capacidad hotelera de la ciudad quedó prácticamente desbordada y algunos de los asistentes, incluso, tuvieron que alojarse en Mendoza.

El encuentro, que fue inaugurado el martes por el gobernador de San Juan, José Luis Gioja, se propuso como objetivo "generar un diálogo entre pensamiento y praxis como requisito para pensar y alcanzar un futuro deseable para la región". Es organizado conjuntamente entre la gobernación de la provincia, la universidad local y la Biblioteca Nacional. Los organizadores esperan contar, para el acto de cierre, con la presencia del ex presidente Néstor Kirchner.

Ayer, segundo día de debates, prevaleció la dimensión económica y tuvo como encuentro destacado un panel en el Teatro Sarmiento sobre la situación de América latina frente a la crisis internacional. Antes de comenzar su conferencia frente una sala colmada, Mario Rapoport agradeció la invitación de la casa de estudios, de la que recordó haber recibido un honoris causa, e hizo una pequeña broma: "Si esto fuese el Masters de Augusta, le tendría que pasar el saco verde a Laclau", dijo.

De manera didáctica y apoyándose en una presentación de PowerPoint, Rapoport explicó las similitudes de la crisis mundial con otros momentos de la historia del capitalismo. "La crisis actual es la culminación de un proceso, el resultado de sucesivas crisis de los países del centro y de la periferia –afirmó el historiador–. Si con la caída del Muro de Berlín se derrumbó la pared este, la del socialismo real, ahora se resquebraja la pared oeste, mostrándonos cómo el capitalismo real también tiene sus falencias."

La economista Noemí Brenta, quien trabajó junto a Rapoport en la elaboración de un libro sobre este tema, dijo que el momento presente muestra a las claras la falla de las teorías ortodoxas y monetaristas. "La historia no se repite nunca, pero una lectura histórica nos muestra las raíces de este presente. Tenemos que tratar los hechos ocultos, los que fueron ninguneados por la historia, para poder darle sentido a lo que estamos viviendo", expresó.

Brenta no ahorró críticas al papel jugado por el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional y explicó que hacía tiempo era claro "que el sistema iba hacia una explosión". "La razón endógena de la crisis fue la gran divergencia de los ingresos de las personas: los ricos más ricos y los pobres más pobres", explicó.

Frente a este escenario, el economista Alfredo Zaiat aseguró que el impacto de la crisis internacional en América latina fue leve "y su salida fue rápida, intensa, con un dinamismo sorprendente". No obstante, el periodista de Página/12 pidió atención "frente a esta idea de buscar la aprobación del mercado internacional, que lo único que busca es el camino hacia la subordinación de las finanzas globales". Zaiat elogió las recetas económicas argentinas a las que, usando un término del teórico Samir Amin, denominó de "desconexión": "Se trata de ganar espacios de autonomía que la dependencia al capital financiero reduce", sostuvo, y resaltó la manera original con la que el país encaró el crecimiento después del default de 2001, con la renegociación de la deuda y una política alejada del FMI. "Es un momento extraordinario para pensar, para estudiar", concluyó.

El foro continuará hoy con nuevos paneles y durante el día se espera la presencia del ministro de Economía, Amado Boudou, además del juez de la Corte Suprema Eugenio Zaffaroni, la politóloga Chantal Mouffe y el ex vicepresidente Carlos "Chacho" Alvarez.

Informe: Federico Poore.

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Jueves, 26 de agosto de 2010
Víctor Hugo Morales, las palabras y las convicciones

"Sin dudas, todo es opinión"

Este domingo presenta en Canal 9 Bajada de línea, ciclo periodístico en el que seguirá ejerciendo su derecho a opinar. Razón suficiente para embarcarse en un diálogo en el que Víctor Hugo analiza tiempos tormentosos, pero que le producen disfrute.

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"Me importa tres pepinos el Gobierno. No tengo ningún problema en señalarle hechos o políticas que no me gustan."
Por Emanuel Respighi

Desde hace un tiempo –y puede arriesgarse que sin proponérselo– Víctor Hugo Morales está ubicado en el ojo de la tormenta mediática. No es que el relator y periodista haya cambiado el bajo y respetuoso perfil con el que siempre supo manejar su carrera. Tampoco es consecuencia de haber modificado sustancialmente su manera de pensar. De hecho, basta escucharlo en sus programas diarios en Radio Continental para comprobar que sigue peleando por las mismas causas por las que lo hacía diez o quince años atrás. Lo que cambió, en todo caso, fue el contexto mediático-político en el que ejerce una profesión que sólo admite cargada de opinión. En medio de una contienda mediática sin precedentes, cada reflexión del uruguayo –reproducida una y otra vez en programas periodísticos y de archivo– suma seguidores y detractores, en proporción y fervor similares. En esta sobreexposición a la que fue erigido como referente válido para cuanto debate surja por ahí, el uruguayo regresará el domingo a la TV de aire con Bajada de línea, un programa periodístico que Canal 9 emitirá desde las 21.30.

Declaración de principios, antítesis del "periodismo independiente" expuesto en este último tiempo a cosificarse en mero y perverso slogan, el título del programa con el que Víctor Hugo retorna a la pantalla no admite ambigüedades. Producido por GP Media (la productora de Gastón Portal), Bajada de línea intentará abordar temas de actualidad con un fuerte contenido de opinión. Un programa que invariablemente está hecho a la medida de un periodista que nunca ocultó ni encubrió sus convicciones, al punto que por sus dichos en su ciclo radial fue objeto en el último año de críticas, operaciones y difamaciones de toda índole y calaña. Por ello, el conductor de La mañana (de 9 a 13) y Competencia (de 19 a 21) en Continental se aseguró de encargarse él mismo de la producción general y el contenido editorial de Bajada de línea, mientras que el formato, el material de archivo y la producción televisiva se encomendaron a GP Media.

"Se trata de un programa con opinión, como cualquier otro", reflexiona Morales ante Página/12, en una de las oficinas de producción existentes en el laberíntico edifico de la radio de Prisa. "No tengo dudas de que todo es opinión. Desde la manera en que se presenta una nota, hasta el lugar que ocupa en un noticiero, se está opinando. No necesariamente la opinión está marcada en el análisis de cada una de las palabras que alguien diga. La opinión, como hoy está expuesta más que nunca en la Argentina, está en la construcción del mensaje", subraya.

–¿Cómo ubica su programa dentro de la actual disputa política? ¿Tiene alguna posición tomada frente al Gobierno?

–No soy una persona que tenga algo que ver con el Gobierno. Tampoco tengo odio contra el Gobierno. Observo que este Gobierno ha hecho muchas cosas positivas, algunas de las cuales me tuvieron a mí peleando toda la vida por que ocurriesen. Entonces, mal podía yo confrontar con esas ideas que apoyé y estimulé desde mucho antes de los Kirchner. Y mal podría traicionarme estando en contra del Gobierno nada más que porque sí, como ocurre con muchísimos periodistas hoy día, que se han dejado llevar por la antipatía que les puede provocar este Gobierno. No tengo ni antipatía ni simpatía por el Gobierno. No tengo ninguna relación, no tengo contacto, no me siento a conversar con funcionarios, no conozco a Néstor Kirchner ni a la Presidenta. Tampoco quiero hacerlo. No me gusta tomar contacto con los protagonistas. Prefiero mantener una gran distancia para tener la independencia que tengo.

–Una independencia que no sólo es política, sino también empresarial.

–Soy independiente del poder. En este momento, en el país hay dos poderes. Siempre se creyó que el poder es el gobierno, pero siempre tuve la certeza de que el poder en Argentina es un grupo periodístico como Clarín al que por fin se le está cayendo la máscara de la libertad de prensa con la que se protegió durante estos años. Disfruto mucho de este momento y no tengo ningún problema en dejar algunos jirones si la recompensa es que la gente sepa lo que es ese grupo. Después, si la gente quiere consumirlo, ya sea leyéndolo, escuchándolo o viéndolo, que lo haga, pero sabiendo por qué dicen lo que dicen, qué son capaces de negociar y cuánto son capaces de robar. Esa es mi lucha. Me importa tres pepinos el Gobierno, en cuanto a tener alguna expectativa. Por el contrario, no tengo ningún problema en señalarle al Gobierno hechos o políticas que no me gustan.

–¿Por ejemplo?

–El veto a la Ley de Glaciares, el no tratamiento de la despenalización del aborto, la incomodidad que provoca la observación de la fortuna Kirchner, el Indec como instituto estadístico no creíble son cuestiones altamente criticables. Pero eso no me quita señalar las cosas positivas que hizo este Gobierno, como el Fútbol para Todos, la ley de medios, la Asignación Universal por Hijo, la estatización, consolidación y ampliación del sistema previsional (aun cuando la mínima permanezca en un lugar discutible), y la política de los derechos humanos, que nos da la posibilidad de sentir el alivio de que un país con justicia puede mirar hacia adelante con mucha más dignidad. La indignidad del propósito anterior que promovieron para nuestros países las dictaduras tuvo juego en la medida en que procuraran que nunca más se revisara ese pasado. Eso es un inmenso alivio para la historia argentina. Esas son mis convicciones.

–En pleno debate de la 125 apoyó públicamente al campo, a la vez que promovió fervientemente la ley de medios y la estatización del sistema previsional. ¿Cómo se define políticamente?

–Soy una persona de centroizquierda. Estuve muy incómodo con mi vida cuando me tocó estar a favor del campo, por ejemplo. Porque es un tema que me dejó de un lado en el que nunca quise estar y lo siento muy extraño a mis convicciones. Si bien nunca fui aviesamente contra el Gobierno, tenía una posición más favorable al campo porque creía que el trato impositivo debía ser desigual para los desiguales. El trato igual para los desiguales lo único que hace es apuntalar injusticias, y hasta las correcciones que después se hicieron a la 125 sentía que el Gobierno estaba cometiendo una injusticia. Esa discusión me dejó en el centroderecha del espectro de opinión.

–Con el agravante de ser la principal figura periodística de una emisora que, por la penetración que tiene en sectores rurales, se autotitula "la radio del campo", además.

–Sufría enormemente ese lugar en el que la discusión me había dejado parado. Pero que Continental sea la radio del campo no me movió en absoluto mi manera de ver las cosas ni me la condicionó. Mi programa, de hecho, es el único de la radio que habla sobre Monsanto en una emisora donde Monsanto es... No me dejo mover por el contexto o la empresa en la que trabajo. Yo sigo mis convicciones. Pero mi convicción, en el plano de la pelea entre el campo y el Gobierno, me dejó en el centroderecha. Estaba muy incómodo, muy triste de ocupar ese lugar. La misma tristeza que ahora tienen muchos que se sintieron siempre progresistas y que por dejarse llevar por el odio al Gobierno o por los intereses de los medios en los que trabajan se han quedado pedaleando en el aire, gritando que son progresistas, pero que en este momento no lo pueden demostrar. En este momento estoy muy feliz, porque políticamente estoy en el lugar en el que me sentí toda la vida. Soy una persona de centroizquierda, progresista.

–Si fue coherente con sus críticas al Grupo Clarín, o su histórico interés por reemplazar la antigua ley de radiodifusión de la dictadura militar, ¿por qué cree que muchos se refieren a usted como "el destape de Víctor Hugo" y se muestran asombrados por las posiciones que toma públicamente? ¿Por qué considera que está en el ojo de la tormenta?

–En primer lugar, porque el no aceptar pertenecerle a toda ese centroderecha dominante mediático, el mostrar independencia de pensamiento, degeneró en una gran rispidez con la gente que creía que me tenía de rehén de sus opiniones, sentimientos y conveniencias. Yo no soy de esa gente, como no lo sería nunca de nada ni de nadie. La única gloria de mi vida es que soy un tipo que digo lo que quiero, que nadie me dice lo que tengo que decir y al que nadie intenta bajarle línea. Nadie se animaría a tratar de bajarme línea y eso me llena de orgullo. Otro aspecto que me puso en el ojo de la tormenta fue que si bien quien escucha el programa de radio sabe que hay críticas y apoyos a políticas del Gobierno, un programa de enorme repercusión como 6, 7, 8 tomó muchas veces parte de mi discurso para encuadrarlo dentro del discurso del programa.

–¿Le molesta que 6, 7, 8 lo tome como referente obligado?

–No me molesta que tomen mis opiniones, pero esa utilización potenció la idea en la opinión pública de que siempre hablo siempre bien del Gobierno, porque todo lo demás que digo queda afuera de 6, 7, 8. Ellos hacen su programa, hacen su prédica y pelean por aquellas ideas que creen. Yo no me siento en línea con eso, pero tampoco despotrico porque entiendo que necesitaban decir algo que a mí me parece es necesario que se diga. En un momento estuve enojadísimo con ellos porque me tocó ser víctima de la idea de que cuando estuve en desacuerdo con el Gobierno por el campo lo hacía porque era parte de la radio del campo. Me pareció una falta de respeto a una persona que fue echada de la radio por hablar contra Torneos y Competencias, cuando ésta era dueña de la emisora.

–En efecto, su postura respecto a la ley de medios es contraria a los intereses del Grupo Prisa, dueño de la emisora.

–Si yo hubiese estado en contra de la ley de medios, en una radio a la que le sirve estar en contra de la ley de medios, hubiera aclarado que no me refería al tema para que no se confundiera mi posición con los intereses de la empresa. Ahora, si tengo una posición política sobre algún tema que es contraria a la de la radio, mientras no me echen voy a exponerla públicamente. No hay mayor libertad y honestidad con uno mismo que decir lo que se piensa. Jamás me pondría en línea con el supuesto editorial que un medio quiere dar.

–No es una tarea sencilla en un mapa mediático como el actual. ¿Cuál es su límite a la hora de opinar?

–Podría aceptar no meterme con un tema. Ese es el límite, siempre y cuando no me lo sea impuesto. Podría ser un límite que me lo pondría yo. Me abstendría de opinar largamente de algún tema cuya posición coincidiría con los intereses de la radio, para que no haya confusiones.

–¿Cómo piensa que quedará en la historia el interesado debate sobre la ley de medios?

–Esta batalla político-mediática queda en la historia como la peor época del periodismo. Cualquier periodista que quiera funcionar en línea con determinados grupos mediáticos, a sabiendas de que son mafiosos, ladrones, mentirosos, apropiadores de papel y de chicos, es consciente de que está cometiendo una perversidad. Algún día les va a dar tanta vergüenza como la que deberían sentir los periodistas que estaban en línea con la dictadura.

–¿Considera que el debate político-mediático de los últimos años va a redundar en un beneficio concreto para la sociedad, o que se olvidará rápidamente?

–Lo que ocurrió, y sigue ocurriendo, es muy negativo para la imagen que proyectamos como periodistas. Pero para la sociedad, que se sepa quién es quién, que se hayan caído todas las caretas que tenían periodistas y medios, es muy positivo. Hoy todos estamos jugando sin caretas, a cara descubierta. Se sabe quién es el que procede de acuerdo a sus convicciones y quién es el que ha quedado atrapado en determinados medios, sin saber cómo salir, en un lugar diferente. Todos los periodistas tienen convicciones. Lo triste es cuando uno queda confrontando con esa posición. Sufrí bastante cuando a raíz del tema del campo quedé focalizado en un lugar que no era el mío. Corría por izquierda al Gobierno, pero la evidencia es que la pelea era con un sector de la derecha. Pero eso lo demostró el tiempo. Me siento incómodo de haber sido partícipe de una operación de enorme capacidad para mentir y entregar una información muy sesgada en la que yo era parte con mis modestos argumentos, pero en la que acompañaba a la opinión de otra gente que tenía intereses completamente distintos de los míos.

–En ese sentido, ¿cree que el periodista no sólo debe expresar su opinión, sino también analizar el contexto en el que se da determinado debate?

–Un periodista kirchnerista tendría, tal vez, que evaluar ese contexto. Un periodista kirchnerista es aquel que tiene la valentía de presentarse como tal y estar dispuesto a tragarse sapos. Tragarte sapos significa que uno, en aras de un bien mayor –como puede ser el modelo que este Gobierno quiere darle al país–, deja de lado la fortuna de los Kirchner, no atiende el tema de la Ley de Glaciares, perdona que un gobierno que pretende ser progresista no trate la despenalización del aborto, y hasta regala que la Presidenta no hizo bajar a sus diputados al recinto para debatir la ley de matrimonio homosexual porque tenía que ver al Papa. El kirchnerista regala todo eso porque su objetivo es que este Gobierno no se debilite para que haga lo importante que tiene que hacer. Eso es ser kirchnerista. No soy kirchnerista porque yo no estoy dispuesto a tragarme ningún sapo de lo que me parezca negativo del kirchnerismo. No hay manera. Mi conciencia no me lo permite. Por eso puedo decir que no soy –de ninguna manera– kirchnerista.

–Siempre fue un tipo respetado en el medio, independientemente de las diferencias de pensamiento. ¿En este último tiempo sintió que tal respeto descansaba, en verdad, en la coincidencia de pensamiento?

–Cuando uno descalifica a alguien porque no piensa como uno, no es respeto: es intolerancia. Pero yo estoy feliz con qué tipo de gente me quiere y cuál no me quiere. Eso es bueno para mi espíritu. Me ha ocurrido estar en el lugar en el que políticamente yo quiero estar, porque es lo que soy. Soy una persona que he crecido en la militancia, desde el periodismo, con determinadas convicciones humanísticas y políticas. Estoy donde quiero estar. Además, no hay nadie que en una discusión me pueda cuestionar algo que yo no pueda demostrar. Nadie me puede decir que estoy con el Gobierno por la ley de medios, porque toda la vida ocupé un lugar respecto de la necesidad de una nueva ley de medios que rompiera con los monopolios. Mucho antes que el Gobierno. Este Gobierno llegó mucho más tarde a la convicción: necesitó pelearse con Clarín para promover la ley. Yo lo decía por convicción; nunca me peleé con Clarín. De todas maneras, bienvenida la pelea, porque gracias a ella la sociedad se va a ver más beneficiada. Nadie me puede decir que yo cambié mi opinión. Me han difamado al punto de que me había comprado el Gobierno por 10 millones de dólares. Pero todo lo que dicen lo dicen sin convicción ni pruebas. Yo contra eso no puedo luchar. No puedo andar con las cintas de lo que decía antes para convencer a las personas. Me refugio en que el tiempo va a decir la verdad. Tengo la plena convicción de que puedo ser coherente, que no me voy a traicionar.

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